Hoy, sin nuevos motivos
ella solo se limitó a observarlo.
No quiso entenderlo,
porque siempre es
él quién sueña ser las cosas
que los demás repugnan;
incluso ella.
A él no le importa nada.
Se deja estar. Se deja ser.
Distorsiona los gritos de su alma con acordes disonantes
de una guitarra amante y confidente,
de momentos irrespetuosos y anónimos.
Hoy le dedicó canciones de sombras,
olvidos y placeres. Viejas noches frías
opacadas por el calor de alcoholes berretas,
y un par de confesiones prohibidas.
Hoy no es momento de buscarlo.
Está aislado de su mundo de mentiras,
insignificantes y perpetuas mentiras
que ella ya no puede esconder detrás
de esa mirada de desconcierto.
Hoy está frenético,
extasiado,
solitario y
vagabundo
de esta ciudad que lo alberga
en los días oscuros y lo
incentiva en sus momentos de lucidez.
Él es quién sueña ser
en la censura de ella y
en la de los demás.


