Atosigada...


Me atosigué con tantas palabras. Ajenas. De otros y no mías. Me atosigué de ver decir mucho, entre tantas imágenes no ficticias pero que reflejan una mirada ilusionista, y al mismo tiempo, me atosigué en no poder decir poco, y no poder mostrar imágenes ficticias de una realidad no imaginada.

¿Cómo hago para terminar con éstos sentimientos impotentes de no ser quien puedo ser? ¿Cómo hago para plasmar mis verdades que se esconden en líneas que se improvisan en la solemnidad del insomnio?

Los apuntes de escritura improvisados –que una difusa poetisa me los insinuó- ya no sirven. Creo que en algún momento de capricho me encargué de perderlos y esforzarme por no volverlos a encontrar. Creo que es ahora cuando siento una extraña ambigüedad por dejarlos en el olvido y por forjar mis propios borradores que no parecen llegar a mucho por estos días.

Por el momento el atosigamiento se transformará en inspiración – o intentaré transformarlo en eso- o quizá en caprichos y reclamos a rostros sinnombres que me rodean –y no los quiero identificar-. El atosigamiento no se irá con tanta facilidad. El atosigamiento es la razón para hacer esto –por lo menos hoy-.

En (des)orden

Desordenada.

Mi cabeza con sus ideas de caramelitos envueltos en papel púrpura y con a sabor a feliz día de otoño, se mezclan con las ganas de irme a un lugar con personas curiosas y aventureras.

Y sigue desordenada. Y la quiero desordenar más por momentos… y me descoloco queriendo volver a ordenarla. Pero no puedo. Porque en el intento se desordena mi corazón. O mi pancita. Y eso lleva más tiempo ordenar.

Y de vuelta a empezar.

Desordenada.

Totalmente desordenada en los rincones oscuros. La decepción desparramada y que se esconde entre las viejas risas de una tarde celeste.

Y más desorden se produce. Y más ganas de volver a ordenar todo.

Pero los silencios se apoderan de las ideas, el desparrame se borra con viejas poesías que una vez me dijeron y que solo recuerdo vagas líneas amontonadas en alguna parte de este desorden. Entre ironías y perdones. Entre no sé donde estuve y no sé donde estás.

Y así sigue…

Aparentemente desordenada. Mi cabeza desordenada y que ahora amontona letras confundidas y con aroma a lluvia por caer.